sábado, agosto 25, 2012

¿Quién eres?



Irrumpiste en mi vida
casi sin avisar,
sacándome de un largo y pesado letargo,
de un inhóspito ciclo,
de una apesadumbrada existencia,
derrumbando esos muros que parecían infranqueables,
inertes
e impenetrables,
destrozando los prejuicios del tiempo,
de la edad
y del amor,
arrasando con mi espíritu,
mi cuerpo,
mis labios,
mi aliento,
adueñándote de todos mis sentidos,
de mis insomnios,
de mis días
y mis noches,
marcando el ritmo de mis pensamientos
y de casi toda mi vida

¿Quién eres?
¿Luz o Oscuridad?
¿Cielo o Infierno?
¿Ángel o Demonio?

¿Quién eres?
Que cabalgas segura por los místicos caminos del silencio,
bordando pasiones,
tejiendo sueños,
construyendo nuestro propio universo.
Desafiante, impetuosa,
arrogante
y adorablemente imperfecta.

¿Quién eres tú?
Que prácticamente te has convertido en mi dueña.

Lluvia (2)



Esta noche llueve a cantaros y la lluvia…
limpia nuestros sueños,
purifica nuestro aliento,
acerca nuestros cuerpos,
entrelaza nuestras piernas,
acaricia desde lejos,
nos moja sin tocarnos,
nos llena
nos invade
nos alza
nos entrega…

La lluvia llega
y nosotros también llegamos.

La lluvia



Llegó la noche y la espesa lluvia con armónicos relámpagos, centellean la oscura mancha que se ve tras la ventana. Las sensibles alarmas estallan ante el ligero temblor que las activa. La quietud de la noche se transforma y provoca un desvelo placentero cuando la lluvia entona su canto y el sueño se impone y borra el triste insomnio que en el pasado esta misma lluvia provocaba.

Hoy la lluvia no deja esa sensación de soledad aún no estando solos. Hoy la noche se ilumina a cada instante y entre ruidos, luces y el permanente torrente que desciende desde el cielo, tú estás a mi lado, más dormida que despierta, no sé si soñando o evitando moverte para no perderte un momento del místico regalo que la noche te entrega.

Ahí estás y yo contemplo tus sueños. Quieta, pensativa, sonriente. No sé si soñando o fingiendo soñar. No sé si despierta o evitando moverte por temor a despertarme y romper el deleite divino que hoy las noches de lluvia, también me provocan.

Aquí estoy y tú cuidas mis sueños. Quieto, tranquilo. No sabes si dormido o despierto. Pero prefieres respetar mi quietud y esperar a que termine la lluvia para después moverte involuntariamente y abrazarme…

Y después de la lluvia, acurrucados, entrelazando los sueños, mezclando nuestro aliento, flotamos en la noche y dormimos placenteramente una más de nuestras noches. 
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